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Gracias a la Palma de Oro del Festival de Cannes, la laureada 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días se ha convertido en la embajadora oficial del cine rumano. A diferencia de El Tren de la Vida –anterior cinta rumana estrenada en Lima, casi ocho años atrás- esta es una obra de características marginales: bajo presupuesto, escenarios auténticos, planos largos y travellings con cámara al hombro. Por si fuera poco, explora una realidad sórdida y agobiante pero sin recurrir a golpes de efecto. Puede sonar contradictorio pero 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días es intensa porque retrata una experiencia límite con total rigurosidad y al mismo tiempo es desdramatizada porque nos invita a contemplar los hechos desde una perspectiva cercana al documental. Casi en el último tramo, una imagen chocante nos confirma que la pesadilla es concreta y que el tema del aborto no es sólo una alegoría. Mérito del director Cristian Mungiu por ser compasivo con estas mujeres al borde del abismo y por no convertir sus experiencias en una prédica a favor o en contra de tan personal asunto. La cartelera necesita más películas como esta.

Otra historia de mujeres pero diametralmente opuesta a la rumana, la neoyorquina Sexo en la Ciudad es ligera, alegre y cosmopolita, es decir, cumple todos los requisitos de un producto fashion. Honestamente, pensé que no iba interesarme en lo más mínimo pero, vaya sorpresa, disfruté la película y valoré su contribución a la comedia romántica, el mismo género que me trajo tantos disgustos con Porque lo Digo Yo y Chicas Materiales. Felizmente, Sexo en la Ciudad no es otro chick flick de pesadilla sino un divertimento sofisticado y expertamente ejecutado por un equipo artístico que sabe bien a lo que juega. Resulta que quienes nunca nos sentamos a ver un capítulo de la serie -y probablemente nunca lo hagamos- somos su público ideal; la cinta no pretende tener la última palabra sobre nada y exhibe como gran virtud la complicidad de sus protagonistas, cuatro amigas que pueden ser tan unidas y disfuncionales como cualquier familia. Las desventuras amorosas de Carrie Bradshaw no serán una revelación cinematográfica pero demuestran que la televisión –al menos la de cable- ya superó hace tiempo los estándares cualitativos de los grandes estudios.

Ríete Hollywood ríete de los oficinistas y sus bordes, de sus míseros sueldos, sus detestables jefes, sus pastillas para la ansiedad y su patético anonimato. Ríete del hombre común y corriente, esos pobres diablos que viven para trabajar y que nunca han empuñado un arma de fuego, ni conocen la adrenalina de saltar a un carro en pleno movimiento, ni han intercambiado fluidos con Angelina Jolie. Ríete Hollywood ríete y permite que Timur Bekmambetov, un ruso que escupiría sobre la tumba de Tarkovsky, delire con tu más avanzada tecnología y cumpla su sueño de ser un artista maldito, un coreógrafo de la violencia, un Sam Peckinpah de alcantarilla. El cine fascista está de vuelta y gracias a Se Busca es ahora un poco más ruidoso e insoportable.

El Sotano es execrable, una película arty de explotación dirigida por el decaído Roland Joffé, el mismo de Los Gritos del Silencio y La Misión. En ella, una top model (la ingenua Elisha Cuthbert) cae en las garras de un genio del mal que la somete a todo tipo de castigos y humillaciones. Son 96 minutos de tortura psicológica, de crueldad gratuita hacia mujeres y animales y que sólo se equipara con su incompetencia narrativa. Plagada de incoherencias, giros sorpresas que no lo son, absurdo tras absurdo, El Sótano es un gran aburrimiento que sólo nos perturba por lo vacía que es. En un hipotético infierno, Roland Joffé sería obligado a ver esta película por toda la eternidad.
***** Haga todo lo posible por verla / **** No se la pierda / *** Recomendada / ** No recomendada / * Evítela a toda costa
Continúan en los cines:
4 Meses, 3 Semanas y 2 Días
****
Batman El Caballero de la Noche
****
Sexo en la Ciudad
***
Wall-E
***
Superhéroes la Película
***
Kung Fu Panda
***
París, Yo Te Amo
***
Tripulación Dave
**
Hancock
**
August Rush
**
Se Busca
*
El Sótano
*
Antes de ir al cine, consulten la cartelera: http://www.terra.com.pe/cine/cartelera.php

Cuando John Belushi abandonó “Saturday Night Live” en 1978, la hilarante serie televisiva perdió a su animador estelar. Ese vacío fue cubierto dos años después por un joven afroamericano de 19 años. Su nombre era Eddie Murphy, provenía de un hogar humilde de Brooklyn y era el hombre de casa desde los 8 años, cuando su padre fue asesinado a puñaladas. Gracias a sus imitaciones de Stevie Wonder y James Brown, Eddie se robó el protagonismo de SNL y salvó al programa de ser cancelado. Para 1982, la promisoria carrera cinematográfica de John Belushi terminaba en tragedia: el comediante más querido de Norteamérica había muerto por una sobredosis. En diciembre de ese mismo año, 48 Horas de Walter Hill se convirtió en un inesperado éxito comercial. Las buddy movies habían llegado para quedarse pero también había un nuevo rey de la comedia. Bastaba verlo destrozar a capella el tema “Roxanne” de The Police o ingresar resueltamente a un bar de rednecks para darse cuenta que Eddie Murphy tenía eso que llaman carisma. Algunos meses después llegaba De Mendigo a Millonario de John Landis, la constatación de que Eddie Murphy se había convertido en una fuente inagotable de carcajadas y una mina de oro para el estudio Paramount.

Todos estos logros palidecieron en 1984 ante el suceso mundial de Un Detective Suelto en Hollywood, un guión originalmente escrito para Sylvester Stallone y que habría de consolidar a Eddie Murphy como el actor más taquillero de la década. Su héroe de la infancia, el gran Richard Pryor, nunca se acercó ni por asomo al grado de popularidad que disfrutó a mediados de los 80. Para empezar a reconocer al ídolo de multitudes que fue alguna vez, habría que revisar Delirious y Raw, dos legendarias presentaciones de stand up comedy con un Eddie Murphy inspirado y lleno de energía. En ambos videos, un público compuesto por gente de todas las edades y colores lo venera como si se tratase de un cantante de rock y ríe gustosamente hasta de sus chistes más ofensivos y vulgares. Al parecer, nada podía salir mal en el mundo de Eddie Murphy y pronto se embarcó en una carrera paralela como cantante que originó el hit radial “Party all the Time” en 1985. El divo se involucraba cada vez más en sus proyectos, hacía y deshacía libretos, interpretaba varios personajes en una misma película, se transformaba del pícaro sinvergüenza de sus inicios en un galán de matinée. Estrenada en 1988, Un Príncipe en Nueva York de John Landis es quizás su mejor trabajo y el último en presentarlo alegre y lleno de creatividad. La culminación de sus ambiciones fue Los Reyes de la Noche de 1989, escrita, producida, dirigida y protagonizada por él mismo. Luego de eso, todo sería cuesta abajo.

Actualmente tenemos en cartelera una cinta en la que Eddie Murphy interpreta nuevamente varios papeles. Más que contarnos una historia, Tripulación Dave es el show de Eddie Murphy elevado a la décima potencia y libre de cualquier esfuerzo mental. Es la única fórmula que le ha funcionado desde que perpetró el remake de El Profesor Chiflado en 1996. Eso e interactuar con niños y animales como en Doctor Doolitle y La Guardería de Papá. Las frías estadísticas lo posicionan como la estrella mejor pagada hoy en día, sólo superado por Will Smith y Johnny Depp. Lo que los números omiten es que Eddie Murphy ya no es peligroso ni carismático, no tiene la actitud achorada ni la contagiosa sonrisa de antaño. Tras la grotesca Norbit, parece mentira que la comunidad afroamericana alguna vez haya estado orgullosa de sus producciones. En 2007 casi le dan el Oscar por Dreamgirls, una nominación exagerada desde mi punto de vista y que confirma que la Academia sólo se toma en serio las actuaciones dramáticas. Pero quizás le hayan negado el Oscar por otras razones. Su reputación de megalómano antipático tan sólo es reforzada por las noticias que nos llegan de su vida privada. Aunque el actor haga la voz del burro de Shrek un millón de veces, siempre tendrá mala prensa y le seguirán pasando factura por la arrogancia de sus inicios. Por eso se dice que, a pesar de estar vigente en las boleterías, Eddie Murphy estaría contemplando el retiro. ¿Otro caso de un comediante que envejece mal? La anunciada cuarta parte de Un Detective Suelto en Hollywood tendrá la última palabra.

El slogan “Lo Más Sabroso de Latinoamérica” y un monstruoso ojo con lengua nos avisan lo que se avecina. El único festival de peso internacional con que cuenta el Perú tendrá su décimo segunda edición del 7 al 15 de agosto. Este año encontramos una sección competitiva mucho más depurada que en años anteriores, muestras paralelas de real interés y dos invitados de cartel: nuestro gran novelista Mario Vargas Llosa y el genial director español José Luis Guerín, ambos presidentes de jurado en la competencia ficción y documental, respectivamente.
Antes de ocuparnos de las películas programadas para la ocasión, conviene anotar algunas reflexiones sobre este tradicional evento que se celebra cada agosto. Hay muchas cosas que se pueden decir a favor o en contra del Festival pero lo que está fuera de discusión es que gracias a su existencia nuestra capital forma parte de un circuito internacional de festivales y eso es un aporte fundamental para salir del ostracismo al que parece condenado el cinéfilo peruano que no se resigna a quedarse en casa viendo DVD’s. El Festival no ha conseguido que Lima tenga una cartelera como la de Bs. As. pero sí le ha dado un poco más de variedad. Sin ir muy lejos, la aclamada Luz Silenciosa de Carlos Reygadas jamás hubiera arribado por estos lares de no ser por el Festival.
Desde que empezó el Encuentro Latinoamericano, siempre faltaron películas importantes y decisivas para estar al día con lo último de la región. No bastaba ir al Centro Cultural de la Católica para hacerse una idea del desarrollo del cine latinoamericano. Muchas veces ocurría lo contrario y los cinéfilos huían espantados hacia el multicine más cercano y con todo derecho. Pero aquí estamos doce años después y los errores de selección han sido subsanados o están en proceso de hacerlo. Las obras de vanguardia, aquellas que miran hacia el futuro, ahora compiten por los premios del jurado y del público; muchas otras quedaron afuera y fueron reemplazadas por cintas más tradicionales pero que igual forman parte de una realidad que tampoco puede ser encubierta. Después de todo: ¿se puede soñar con un festival de cine latinoamericano que sólo tenga películas buenas? Salvo que Brasil, Argentina y México cubran el 80% de la muestra oficial, creemos que eso es imposible. Por supuesto que nadie es dueño de la verdad y todo dependerá del ojo con que se mire, ya que muchos asiduos del Festival perfectamente podrían pensar que la calidad de la competencia siempre ha sido de un alto nivel.

En mi opinión, el tema de fondo no es la calidad de las películas ya que cada año hay un avance al respecto. El verdadero reto que debe asumir el Festival de Lima es dejar atrás el carácter elitista que ha tenido desde 1996 hasta la fecha. Porque al final, toda esta discusión, toda esta algarabía con la “fiesta del cine” incumbe a un pequeño grupo de privilegiados que podemos ir todos los días al Festival porque tenemos credencial de prensa o porque tenemos dinero para invertirlo en cultura. Por supuesto no se puede omitir que, a diferencia de otras partes, el Festival no recibe ningún apoyo estatal ni municipal por lo que sus recursos son mucho más limitados en comparación a Bafici o Sanfic. De allí nace un handicap casi fatal: el precio de las entradas. Ello limita drásticamente la concurrencia del público y anula cualquier deseo de tomar riesgos ya que cualquier espectador con sentido común irá por lo seguro, por lo que ya conoce, y gastará sus 9 o 16 Nuevos Soles en un update de Amores Perros, El Hijo de la Novia o Despabílate Amor. ¿Está mal que lo hagan? Por supuesto que no. Habría que ser partidario de Le Pen para convertir nuestro único festival en un ghetto cultural, un lugar donde lo que no entienden el cine místico y contemplativo de Alonso y Reygadas no merecen otra cosa que irse al infierno. Si los organizadores del Festival son personas sensatas, seguro escucharán las opiniones vertidas por todos los que opinamos desde un medio periodístico, pero también necesitan escuchar al público que llena las salas para ver El Caballero de la Noche y Kung Fu Panda. Los van a necesitar para seguir progresando y tener una vida larga y saludable. Si las sedes del Festival no empiezan a llenarse de estudiantes universitarios y de institutos haciendo cola para llevarse cuatro o cinco entradas por cabeza, entonces el Festival de Lima seguirá siendo patrimonio de unos cuantos suertudos.

Ahora bien, este blog cubrirá la marcha del Festival con críticas a las películas vistas en todas las secciones. No es necesario esperar hasta el 7 de agosto para adelantar algunas opiniones. El primero es que la ausencia del cine asiático es injustificable y a estas alturas empieza a cobrar un cariz escandaloso. Hay una atractiva muestra llamada “La vuelta al mundo en 80 días” compuesta en su mayoría por preestrenos provenientes de Hollywood y Europa. Sólo una película asiática –la china Lust Caution de Ang Lee- representa a todo un continente repleto de joyas cinematográficas. Tampoco me convence el homenaje a Mario Vargas Llosa. No, no tengo nada contra el autor de “La Ciudad y los Perros” pero que Vargas Llosa sea homenajeado por un festival de cine es casi tan absurdo como que la Federación Colombiana de Fútbol de un premio honorífico a Gabriel García Márquez. En fin, todo sea por tenerlo como presidente del jurado. También se perdona el desafortunado nombre “Secretos y Tesoros de Latinoamérica” para una sección que no tiene nada de secreta y –hasta donde yo se- poco de atesorable. Lo que es más incomprensible es que estas películas sí sean consideradas para el voto del público pero ¿bajo qué extraño criterio? Son cosas que nos dejan más confundidos que antes pero que no amilanan nuestro entusiasmo por el Festival.
Los dejo con mi lista de películas que pienso ir a ver y las que ya vi y me gustaron.
-Las seis películas argentinas en la Competencia de Ficción: Cordero de Dios de Lucía Cedrón, La Mujer sin Cabeza de Lucrecia Martel, La Rabia de Albertina Carri, La Sangre Brota de Pablo Fendrick, Leonera de Pablo Trapero y Liverpool de Lisandro Alonso.
-Las chilenas El Cielo, La Tierra y la Lluvia de José Luis Torres Leiva y Tony Manero de Pablo Larraín.
-Las mexicanas Los Bastardos de Amat Escalante, Te Acuerdas de Lake Tahoe de Fernando Eimbcke, Desierto Adentro de Rodrigo Plá.
-Las peruanas Dioses de Josué Méndez y El Acuarelista de Daniel Rodríguez.
-Competencia de Documental: Construcción de una Ciudad de Néstor Frenkel, Unidad 25 de Alejo Hoijman, Juego de Escena de Eduardo Coutinho, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo de Yulene Olaizola.
-Alemania País Invitado: Del Otro Lado de Fatih Akin, Crazy de Hans-Christian Schmidt, En Julio de Fatih Akin, Lichter de Hans-Christian Schmidt, Réquiem de Hans Christian Schmidt.
-Cine Tour 2008: Flandres de Bruno Dumont.
-Presentaciones Imprescindibles: En la Ciudad de Sylvia (junto con Flandres, candidata a ser la mejor película del Festival). No incluyo Lust Caution de Ang Lee, We Own the Night de James Gray o Relaciones Peligrosas de Sydney Lumet porque después se estrenaran en los cines y podremos verlas a mitad de precio.

La decisión de Warner Bros. de resucitar la franquicia del Hombre Murciélago y encomendar el trabajo al director Christopher Nolan no pudo ser más acertada. Si Batman Inicia fue un rotundo suceso de público y crítica, su anticipada secuela, El Caballero de la Noche, está camino a convertirse en el evento cinematográfico del 2008. Por lo pronto, ya superó el record de Spiderman 3 como la película más taquillera en su primera semana de estreno. Lo más positivo de este blockbuster es que nos reconcilia con las posibilidades de un cine adulto de entretenimiento. Veamos las claves de su éxito.
1. El Guasón
Un reparto que cuenta con secundarios de la talla de Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman no puede ser menos que extraordinario. Justamente, uno de los mayores placeres de Batman Inicia era observar a estos formidables actores tomar posesión de sus personajes y conectar cómodamente en el universo creado por Bob Kane. Aquí la historia se repite pero con un factor desequilibrante: la actuación de Heath Ledger como El Guasón es una obra maestra en sí misma y se hablará de ella en mucho tiempo por venir. Si detrás de un gran superhéroe hay un gran villano, El Guasón califica como el enemigo perfecto de Batman, el único capaz de trastornarlo y jugar con su mente. Más que un codicioso bufón a la manera de Jack Nicholson, Ledger lo interpreta como un psicópata retorcido, un agente del caos, un terrorista de la decencia. Verlo en versión doblada debe ser un crimen porque este Guasón no deja nada a la improvisación y trabaja con su voz, su apariencia andrajosa y sus horribles cicatrices para expresar su total falta de respeto por la vida humana. Para muchos, lo mejor de la película.

2. El director
El inglés Christopher Nolan es un raro avis: un artista con vocación de dirigirse a las masas pero que no transa con un cine de fórmulas ni recetarios. Sus mejores películas -Insomnia, El Gran Truco, Batman Inicia- son obras inteligentes, sorprendentes y un poco fuera de lo común. Lo mismo se aplica a El Caballero de la Noche, con la diferencia que es lo más ambicioso que haya hecho hasta la fecha. No sólo es su producción más grande y costosa, también señala un nuevo derrotero para el cine de superhéroes, subgénero que trasciende con una visión compleja del eterno conflicto entre bien y mal. En ese sentido, la cruzada del Guasón por corromper Ciudad Gótica va más allá de la destrucción física de Batman o del fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart); la muerte moral es su objetivo primordial y pondrá todo su empeño en conseguirlo.

3. La narración
Al inicio de su carrera, Nolan se dio a conocer con ejercicios de estilo tan ingeniosos como Following y Amnesia. Desde entonces se forjó una reputación por sus intrincadas tramas y giros inesperados. Su nueva cinta lo encuentra insertado en la narración lineal pero igual recurre al montaje paralelo en largas y emocionantes secuencias que recuerdan a El Padrino de Coppola. Sin recurrir a los flashbacks, Nolan hace desaparecer o reaparecer personajes, los disfraza y confunde hasta que pase el peligro. El filme se inicia con el espectacular asalto a un banco y es una introducción sugerente a la propuesta del director. Cuando creemos saberlo todo, Nolan nos aguarda con una carta bajo la manga, un truco de magia que lo devolverá a su condición de demiurgo.
4. Intensidad psicológica
La posibilidad de que el héroe no pueda hacer nada para impedir la tragedia es la base de todo relato angustioso. En las películas del hombre murciélago que perpetró Joel Schumacher ni siquiera había un mínimo de respeto o tensión dramática. El Hombre Araña de Sam Raimi apunta hacia el melodrama con resultados cada vez más infantiles. A Iron Man no le sienta el sufrimiento como sí la seducción y la ironía. Dejen que Christopher Nolan trabaje con la obsesión y el remordimiento. El Caballero de la Noche le hace honor a su nombre y no teme instalarse en las zonas más oscuras, saltar al vacío y ser testigo de una locura asesina. En este blockbuster la crueldad existe y las pesadillas se vuelven realidad. Definitivamente, no es para niños.

5. Espectáculo visual
Naturalmente, todas estas virtudes serían insuficientes para justificar un taquillazo. Sin fuegos artificiales no hay carnaval y los productores necesitaban muchas escenas de acción para vender una película de dos horas y media. Quizás El Caballero de la Noche tenga algunas de sobra pero el espectador no podrá ser indiferente a la imagen de Batman volando sobre los rascacielos de Honk Kong o patrullando Ciudad Gótica en motocicleta. Sin abusar del green screen como Meteoro o de las explosiones gratuitas como El Increíble Hulk, El Caballero de la Noche es un espectáculo de primer orden no sólo por la magia de los efectos especiales sino por la sensibilidad visual de su realizador y su notable equipo de colaboradores.

El legado del cine francés es tan exuberante que es injusto circunscribirlo a la Nueva Ola y sus nombres habituales. Sin alejarnos mucho de Godard y compañía, casi a la par que los ex críticos de Cahiers Du Cinéma incursionaban en el largometraje, otros nuevos directores hacían lo propio con propuestas igual de originales. Hiroshima Mon Amour de Alain Resnais, La Pointe-Courte de Agnes Varda, Moi un Noir de Jean Rouch, son títulos que ayudaron a cambiar el perfil tradicional del cine galo por uno más personal y moderno. Al empezar la década de los 60, los aires que se respiraban en Francia eran de una libertad creativa envidiable. En ese contexto, apareció uno de los cineastas más románticos de todos los tiempos. Nos referimos, por supuesto, a Jacques Demy, autor de la maravillosa Los Paraguas de Cherburgo, uno de los primeros grandes éxitos de Catherine Deneuve y ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1964.

Si aún no esta familiarizado con el universo mágico y melódico de Jacques Demy, le recomendamos no perderse el ciclo que presentan en julio la Filmoteca PUCP y la Embajada de Francia. “Jacques Demy, El Encantador” es el nombre de esta muestra que incluye cinco clásicos en copias de 35 mm recientemente restauradas, además de Jacquot de Nantes, un emotivo homenaje firmado por Agnès Varda, viuda de Demy y leyenda del cine por derecho propio.
Es sabido que Los Paraguas de Cherburgo es una historia de amor agridulce como pocas y que cuenta con las hermosas canciones de Michel Legrand. Menos conocidas pero no menos notables son sus otras colaboraciones con Catherine Deneuve: Las Señoritas de Rochefort (foto de arriba) y La Piel de Asno (foto de abajo). Después están las dos únicas películas de Demy en blanco y negro: Lola y La Bahía de los Ángeles. La primera fue fotografiada por Raoul Coutard y protagonizada por una inolvidable Anouk Aimée, mientras que la segunda tiene a Jeanne Moreau y es un drama sobre una pareja de apostadores. Si para usted el cine es sinónimo de felicidad, tiene que ver a Jacques Demy.

Programación Julio: "Jacques Demy, El Encantador"
Lola (1960)
Lunes 21 (7pm), Miércoles 23 (9:45pm), Sábado 26 (9:30pm), Jueves 31 (4:30pm).
La Bahía de los Ángeles (1963)
Martes 22 (7pm), Jueves 24 (7pm), Miércoles 30 (4:30pm).
Los Paraguas de Cherburgo (1964)
Viernes 25 (7pm), Domingo 27 (4:30pm), Miércoles 30 (9:30pm).
Las Señoritas de Rochefort (1967)
Sábado 26 (7pm), Domingo 27 (6:30pm), Jueves 31 (9:30pm).
La Piel de Asno (1970)
Lunes 28 (7pm), Martes 29 (9:30pm)
Jacquot de Nantes (1991)
Lunes 28 (9:30pm), Martes 29 (4:30pm)
Lugar: CCPUCP (Av. Camino Real 1075 San Isidro). Entrada general S/. 6.00. Estudiantes S/.5.00.