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Hancock, nuevo vehículo para Will Smith, fue el único estreno del jueves pasado y para demostrar que el actor de Soy Leyenda es un imán para la taquilla, toda la campaña publicitaria se enfocó en su persona, desde los afiches -un primer plano del actor con lentes de sol- hasta los trailers cinematográficos, todo estaba listo para el show de Will; ni siquiera había que mencionar la presencia de Charlize Theron –actriz ganadora del Oscar-, o molestarse en explicar el argumento. Nada de eso. Suficiente saber que El Príncipe del Rap es ahora un superhéroe desaliñado y funky que combate el crimen entre resaca y resaca. No será Superman ni Spiderman pero Will Smith puede cargar con toda una película a sus espaldas. Sin embargo, lo que prometía ser una velada ligera y sin complicaciones, acabó violentamente con balaceras, hemorragias, electroshocks y algunas lágrimas de cocodrilo.

Si todavía está pensando ir a verla con toda su familia en plan de relajo, le advertimos que Hancock no es la comedia de alto concepto que muchos esperábamos encontrar, sino un híbrido dramático de acción que encima pretende darnos una lección profunda de humanidad. A diferencia de otras aproximaciones sui generis al universo de los superhéroes como El Protegido de M. Night Shyamalan o Mi Súper Ex Novia de Harold Ramis, Hancock pretende satisfacer todo tipo de expectativas y termina anulándose a sí misma. ¡Qué diferencia con Iron Man! Ambas se estructuran alrededor de un protagonista que, lejos de ser perfecto, debe remontar sus vicios y comportarse como un héroe. Pero si Robert Downey Jr. se hallaba como pez en el agua portándose mal, Will Smith luce confundido e incómodo con la agresividad de su personaje. Lo comprendemos perfectamente porque los espectadores tampoco sabemos si reír o lamentar sus desatinos.

¿A quién culpar por este desliz? Seguramente son muchos los involucrados –este guión rondó Hollywood alrededor de diez años- pero al final la responsabilidad recae en el director Peter Berg, uno de esos hacks que pululan la industria y que siempre encuentran empleo a pesar de su falta de talento. Desde la tarantinesca Very Bad Things con Cameron Diaz y Christian Slater, hasta El Tesoro del Amazonas con La Roca, la carrera de Berg ha tenido como constante la mediocridad. Gracias a sus zooms y cámaras lentas, Hancock –o “La Pasión de John Hancock”- es una experiencia aún más incómoda y angustiante que Oldboy o Abre los Ojos… ¿no se supone que era una comedia? Pero los hacks son eternos y Paramount acaba de contratar a Berg para que dirija la nueva versión de Duna de David Lynch. Ellos saben lo que hacen.
Creado por claudiocorderog
11:24:00